Notas de Jazz: el sonido del tiempo (8)
Mi querido Jazzmin,
Tu carta de hoy, como las anteriores, ha vuelto a pillarme despeinada y sin maquillar, de forma que he ido corriendo a mi refugio para darle tiempo a tus palabras y que me encontraran esperándote. Ya casi me había hecho a la idea de que la carta 14 sería la última. Dijiste que acabarían, y traté de aceptar el hecho, igual que me llevó días asimilar que yo era la receptora de tus cartas. Tu sabes que las leo más de una vez, y más de dos, para no perder detalle, para descansar en cada punto, para imaginar como tus dedos se deslizan por cada letra como si de una caricia sobre mi se tratara. En tu carta 14 se te escapó una coma. Meditaba sobre el hecho de que fuera un punto final, pero tu dedo te traicionó y esa coma vino a mí diciendome que quizás habría más. Yo miraba esa coma rebelde y le decía "no! te has escapado. Tu deberías ser un punto final, porque él tiene que apartarme y sus cartas deberían cesar". Aunque mis palabras expresaban exactamente lo contrario de lo que mis pensamientos susurraban a la pequeña coma.
Ambos sabemos que nuestros textos deberían acabar, y por mi parte debo decir que con mayores razones. Debo alejarme por tí para que tú puedas continuar. Debo encontrar el lugar exacto que debo ocupar entre las músicas de tu vida. Debería escribirte que estos días que tu ordenador se indigestó para mí fue el descanso que mi mente necesitaba. Debería decirte que la espera de nuevas botellas que han dejado de llegar me ha llevado a descubrir un camino que me aleja de la playa. Debería decirte que tanto byte intercambiado ha terminado por llenar mis buzones de correo y que están saturados. Debería decirte que te he olvidado. Debería decirte que para mí fue suficiente, que no quiero ser la reina de tu castillo, debería escribir tantas cosas, pero estaría traicionandome a mí misma, y no hay peor traición que la que uno mismo se inflige y yo no soy tan valiente como para ello. Mi ordenador también ha debido esconder el punto final, y en su lugar pone puntos y seguidos, y eso me mantiene en la playa donde te recojo, en palabras, en botellas, con la paciencia, la sabiduría y la resignacion de saber que no llenaré cada uno de tus días, ni de tus minutos, que no seré tu melodía favorita, porque no puedo serlo, y que debes ser feliz, y que yo lo seré sabiendome en un rincón, desde donde puedas rescatar esa esencia que te dejé, que intento enviarte, que espero sea suficiente, de momento, porque aunque tú dices que no, sí estoy ahí, a tu lado; que quisiera me mantuvieras ahí, y que tratemos de ser amigos, o que ya lo somos, y que podemos compartir muchas cosas aunque otras no podamos, o no debamos.
Y solo puedo escribirte que sé cual debe ser mi lugar, aquí en esta playa, que no te pediré otro, y que espero alguna vez tu visita, aunque solo sea una vez, para que además de mis palabras, pueda darte una mirada, una sonrisa, decirte en susurros que noto tus ausencias, que trato de llenar leyendo una y otra vez tus palabras pasadas, que para mí son presente. Que tu sabiduría también me ayuda, que quiero ser para tí, soporte, refugio, pilar, rincon en el que puedas descansar, oráculo que quieras consultar, música que quieras compartir, ...
Y solo puedo escribirte que sé que en tu isla ya no estás tan solo, y que no tienes ni debes tener tanto tiempo para escribirme y que así es como debe ser, aunque al escribir estas palabras haya un nudo en el teclado que descoloca las letras. Entre nosotros se ha dibujado un paisaje que no podemos ni debemos ovbiar porque sería rechazar el lugar en el que nos encontramos, y de esa forma rechazarnos a nosotros mismos. Sólo tenemos que darle los matices adecuados para que pueda seguir siendo nuestro lugar, el espacio en el que las personas que hay detrás de Jazzmín y Cero puedan finalmente encontrarse. Yo lo creo posible, y sabes que mi fe es firme, por lo que lo defenderé aunque tenga que ensayar una y mil veces y pueda demostrarte que la melodía se puede interpretar. Tú mejor que nadie sabes que un músico no se debe solo a una partitura. Que un músico se compone de mil notas en distintos pentagramas, que una será seguro la favorita, su éxito más rotundo, su salto a la fama, pero todas las demás, las secundarias, las iniciales, las inacabadas son las que lo han conformado como músico. Incluso las partituras quemadas, las rotas, las desechadas de alguna forma están en la vida del músico, y aunque no existan, existieron y de alguna manera seguirán vivas en él. ¿Me dejarás ser una de ellas?
Y solo puedo escribirte que el sonido de tus palabras es el sonido de mi tiempo, un tiempo que se detuvo en mis sueños, sueños en los que los silencios se convirtieron en Notas de Jazz.
