Algunos días me descubro desconcertada. Intento estar atenta a tus palabras. No puedo darte mucho, así que cualquier mínima petición es para mí una pequeña forma de compensarte. No me siento culpable por no ser exactamente como esperabas, o no estar donde tu hubieras querido. Cuando uno se arriesga a crear algo, siempre cuenta con un pequeño margen de error. En este caso, este margen se cumplió. El caso es que leí tus últimos mensajes, y entendí que querías una carta. Creo que la primera ni siquiera la has visto aún. Esta es la segunda, y no sé si habrá más. Te he notado distante, incluso triste, como si te hubieras arrepentido de tu: Cuanto daría por una carta tuya! Inténtalo!
Pues a riesgo de equivocarme lo estoy intentando. Los días, desde que recojo tu correspondencia son distintos. ¿Sabes? Sé que otras te cuentan lo que sienten cuando leen tus cartas. Yo no lo he hecho. De momento. Pero tú no permaneces ignorante, sabes leer entre líneas, y conoces a las mujeres ¿crees que alguna puede quedarse indiferente ante tus palabras? ¿Crees que nos dejamos llevar por la apariencia, las posesiones, el título universitario?
No cielo, la mayoría de nosotras nos dejamos llevar por una palabra bonita. Un beso susurrado en el viento que aterriza en nuestro cuello. En el mío también. Inmediatamente después un escalofrío recorre mi espalda. Intento ser dura, pero a veces me cuesta. Me cuestan mis luchas. De tanto pensar. Y a veces, me dejo llevar.
Tus cartas están próximas a terminar. Lo sé. Las mías también tienen fecha de caducidad. Guardalas si quieres. El blog desaparecerá. Me consuela pensar que este "hola" que quisiste iniciar puede dar lugar a un montón de palabras, a un montón de notas de jazz, que de alguna manera quieras seguir compartiendo conmigo. Me niego a pensar que sólo quedará un adios.
Imagínate. Hoy he estado mirando desde mi playa. He visto barcos pasar, cerca de aquí. Formaban un pentagrama hermoso en el horizonte. Cada uno a una altura diferente, con el sol a la derecha, enfoncándolos, como si fuera la clave del pentagrama que marcaba el tono, el ritmo. Parecía una melodía linda. Y he pensado, si podría coger uno. Que me lleve hasta tu playa, para presentarme y decirte: mírame, soy Cero. ¿Puedo ser tu amiga?. Y he sacado mis pies de la arena, y me he lanzado a la orilla, y me han mojado las olas. Algunos estaban verdaderamente cerca. Pero cuando el agua tocaba mi cuerpo, este se desmoronaba, y me he asustado, porque dejaba de ser yo, para convertirme en otra cosa, que no era yo, que estaría cerca, pero que no sería yo. Y me he entristecido, porque he visto que aún no puede ser. Porque la melodía que me había parecido tan linda es finalmente una melodía triste, hoy, como esas canciones de jazz que tanto te gustan y que yo quiero que me gusten.
Y desde aquí, veo pasar los barcos, y creo distinguir otro ceros que sí han conseguido salir de sus playas, y navegan hacia tí, y me enfado. Pero después se me pasa, o hago porque se me pase, y me conformo con decirte que lo has conseguido, que estaré aquí, en la forma que tenga que ser, hasta que tú quieras. Que esperaré.

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