El atardecer me ha capturado reteniendo entre mis dedos una preciosa historia de amores y cóleras. La luz anaranjada ha dejado una marca salvaje en mis pupilas que durante breves segundos me han cegado, como en algún momento llegaron a hacer tus palabras. La imposibilidad de encadenar mis pensamientos con la historia interrumpida me ha permitido un momento de contemplación, en el que tus suaves melodías de jazz han vuelto a mezclarse con el sonido de las olas que de puntillas se acercan a mis orillas, dejando una leve caricia entre mis pensamientos y mi piel.
A mi vera respiraba el libro que me acompaña y asomando tras sus paginas he encontrado, disimuladas y dormitando tus ultimas cartas. Han llegado en el momento en el que pensaba en recoger la cabaña, y desmontar la hamaca en la que noche tras noche he observado la luna marcando sobre el agua un camino argentado, ese camino a veces tan real y a veces tan imaginario que debía conducirme, pensé, hacia tu playa.
He soñado a veces con tus cartas revoloteando como mariposas dóciles y alborozadas alrededor, haciéndome girar sobre mí misma hasta perder el contacto con el suelo y volar con ellas suspendida como una cometa, dejándose llevar por el viento. Han sido breves momentos de ilusión que han proporcionado cierta felicidad adicional a mis días, aún con la conciencia de la imposibilidad de lo imposible. Otros sueños se burlaron como cantos de sirena surcando tus mares, enredándote con mi canto en fantasías tan reales que durante segundos de arena nos parecieron a ambos eternidades, en un bucle de sonidos del que no queríamos ni podíamos salir.
Hoy, con la calma de espíritus templados, compartidos y pacientes, cada una de esas imágenes han quedado retenidos en los recodos de mi memoria como postales desde el alféizar del mundo, ennoblecidas cada una de ellas con el sonido de jazzmín y el olor a música.
Finalmente creo que dejaré montado mi refugio, para cuando tú quieras venir. Sabes que siempre estará dispuesto para ti, porque he visto que finalmente hemos encontrado ese camino tantas veces buscado, y tu y yo hemos conseguido estar juntos. La vida, algunas veces, nos gasta pequeñas bromas, confabulada con el destino, y nos muestra quimeras que en nuestra ineptitud surgida de los emociones distraídas nos creemos a pies juntillas, cuando la realidad, aún no siendo tan fantástica como nosotros la vemos, sigue siendo un encuentro emocionante.
Quiero pensar que eso es lo que nos ha sucedido. Que cerramos los ojos demasiado profundo, ensimismados con esa melodía que nos empeñamos en interpretar, sin atrevernos a entreabrirlos más allá de lo estrictamente necesario para asegurar que las mareas no nos apartaban de nuestro rumbo. Sin embargo, era preciso contemplarnos, para que nuestras miradas comprendieran que el camino estaba ahí, trazado, que no hay mar que pueda separarnos, porque a estas alturas, tus arenas forman parte de mi playa como mi playa forma parte de tu costa. Hemos interpretado nuestros papeles con verdadera pasión, y la admiración que hemos sentido el uno por el otro han creado apuntes en nuestros corazones, notas imborrables que han quedado esmaltadas a fuego.
Ahora que la obra terminó, llega el momento en que Jazzmin y Cero se encuentran finalmente sin sus personajes, y comienza una nueva etapa de descubrimiento, que no por estar fuera de la ficción, deja de tener su propia emoción. Ahora llega el momento en el que descubrimos que ambos somos mucho más que palabras, mucho más que cartas, mucho más que notas que jazz. Nuestros mundos se componen de esos elementos, partículas que en el universo distraído se encontraron y nos encontraron.
La calma y el silencio del encuentro nos han despertado del mundo de arena donde nos presumíamos en nuestras soledades. No son tales, ni la tuya ni la mía, aunque el espacio que nos hemos reservados se encuentra ajeno a miradas intrusas. Este seguirá siendo nuestro espacio. El que no compartiremos si no queremos. Yo siempre estaré para ti, y tú vendrás siempre que quieras. Aunque fuera ambos nos compartiremos con tantos otros que tienen también un pedazo de nuestro amor. No busques la fuente del amor eterno y perenne. La tienes ahí, delante de ti. ¿No te has dado cuenta de que ya la estás utilizando, que cada palabra, cada carta, cada epístola, surgen del caudal de esa fuente?
¿Quién dijo que hay que amar solo a una persona en el mundo? El amor, tiene tantas variantes como personas a las que se puede destinar. Ningún amor será nunca igual a otro. Ningún amor recibido será guardado en el mismo lugar donde se guardaron otros. Cada persona, cada amor tiene un ritmo, y yo estoy feliz porque finalmente en mis sueños, en mi arena, y en mi vida he encontrado el ritmo de Jazz.
